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Justificaciones al sistema económico actual

noviembre 25, 2011

Tras el crash del 29, Bernard London introdujo el concepto de obsolescencia programada y propuso poner fecha de caducidad a los productos. “Esto animaría el consumo y la necesidad de producir mercancías”, declara la hija del socio de London. “Encuentro que era una idea genial: las fábricas continuarían produciendo, la gente seguiría comprando y todo el mundo tendría trabajo”.

En los años cincuenta la sociedad de consumo se había instalado en todo Occidente. El diseñador industrial Brooks Stevens sentó las bases de esa obsolescencia programada: “Es el deseo del consumidor de poseer una cosa un poco más nueva, un poco mejor y un poco antes de que sea necesario”. Ya no se trata de obligar al consumidor a cambiar de tecnologías, sino de seducirlo para que lo haga.

Las fibras de nailon que crearon medias irrompibles no duraron mucho tiempo en los mercados. No convenía. Tampoco una presunta fibra que repelía la suciedad. Ni los motores de las neveras que duraran años y años. “Programan estos cacharros para que cuando los hayas acabado de pagar se rompan”, se quejaba el protagonista de Muerte de un viajante, de Arthur Miller.

Pero en nuestros días, la era de la informática ha creado al consumidor rebelde. La abogada Elisabeth Pritzker demandó a Apple tras descubrir que las baterías de litio de los reproductores de música iPod estaban diseñadas para tener una duración corta. Al final se acordó, aparte de compensar a los demandantes (era una demanda conjunta típica americana), crear un servicio de recambio de baterías oficial.

Una batería del iPhone bien cuidada debería conservar hasta un 80 % de su capacidad original tras 400 ciclos completos de carga y descarga.

¿Esto se puede considerar obsolescencia programada? Por supuesto, seguro que Apple, como ejemplo aunque podriamos citar a centenares de empresas,  pueden crear baterías que duren mucho más.

Con esto no quiero decir que Apple venda sus productos por que mueran misteriosamente y tengas que comprar otro, si no que gracias a la innovación y al marketing han conseguido que aparatos tecnológicamente avanzados, queden obsoletos debido a que su sucesores hagan “algo nuevo o sean mas modernos”.

Los partidarios del modelo actual de economía de crecimiento continuo, donde se incluye el postulado de obsolescencia programada, eximen que así las fábricas continuarían produciendo, la gente seguiría comprando y todo el mundo tendría trabajo. Sin embargo, para los detractores, este modelo es insostenible aplicado a nuestro planeta ya que éste es limitado. Solo una pequeña parte de los productos consumidos son reciclados, la mayoría son enviados a vertederos de los propios lugares de uso o a vertederos en otros países, como Ghana, aduciendo que son productos de segunda mano.

Como alternativa se plantea el movimiento denominado decrecimiento, que es favorable a la disminución regular controlada de la producción económica con el objetivo de establecer una nueva relación de equilibrio entre el ser humano y la naturaleza, minimizando asi la huella ecológica.

 

Como dijo Mohandas Karamchand Gandhi:   

“El mundo es suficientemente grande para satisfacer las necesidades de todos, pero siempre será demasiado pequeño para satisfacer la avaricia de algunos.”

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